
Las obras, según una placa que hay al entrar en la cripta, se empezaron al acabar la guerra en el año 1939, y se terminaron el año 1959, veinte años más tarde. ¿Cuántas personas murieron en esa obra en esos años? Según los historiadores, un número bastante elevado; unos de frío, otros de hambre, otros de enfermedades contraídas allí, y, supongo que bastantes, de pena por estar viviendo en aquel infierno privados de libertad y alejados de sus seres queridos. La cripta tiene una longitud de 300 metros, su anchura es de 22 y la altura de 11. La cruz que hay en lo alto de la montaña mide 150 metros de altura y sus brazos tienen 25 metros cada uno. Cada uno de los cuatro evangelistas que hay al pie de la cruz mide 18 metros de altura; desde la explanada que hay abajo se ven como si su altura fuese la de una persona normal.
Posteriormente a este viaje, hicimos otro de tres días a Granada, visitando Sierra Nevada, sus alrededores y un poco de Las Aalpujarras. También visitamos el palacio de Carlos V y lo que pudimos de la capital. El hotel donde nos hospedamos era malísimo en todo los sentidos; mala la comida, los aseos sucios, las habitaciones con bastantes cucarachas. Como las comidas eran malas, nos apañábamos saliendo fuera del hotel a tomarnos unas cervezas y jamón, que era lo mejor que te podías tomar. La mejor comida nos la dieron cuando regresábamos de este viaje en Puerto Lumbreras; nos sirvieron patatas a lo pobre y carne a la brasa. ¡Con qué poco nos conformamos los pobres!
Al poco tiempo repetimos viaje a Madrid y Valle de los Caídos. Recuerdo que la primera vez que fuimos la tumba de Franco estaba vacía y en esta ocasión ya estaba ocupada. Se hallaba junto a la de José Antonio Primo de Rivera.
Cuando hemos viajado, hemos llevado siempre a nuestras hijas; primero, por no cargar de obligaciones a la familia, en segundo lugar porque éramos sus padres, y, en tercer lugar porque los viajes los hacíamos por capricho. En más de una ocasión nos ocurría que no podíamos ir a una obra de teatro o a otro tipo de espectáculo porque no permitían entrar a menores.
En el mes de septiembre del año 1989 todavía estaba muy reciente la muerte de mi madre y, para evitar estar en Villena durante las fiestas de Moros y Cristianos, optamos por irnos de viaje a Asturias y Cantabria. Este viaje lo organizó una agencia de Villena. La duración del mismo fue de diez días. Fue la primera vez que nuestras hijas no vinieron con nosotros. Se quedaron a disfrutar de las fiestas, pues la mayor ya tenía diecinueve años, la menor catorce y ya podían valerse por sí mismas. Ese año las fiestas estuvieron pasadas por agua debido a una gota fría que se formó en el sureste español; dejaron de celebrarse varios actos de las mismas. Muchas personas de Villena achacaban las lluvias a un aficionado a la meteorología que es de ese pueblo y que predijo que se acercaba una gota fría y que las fiestas iban a estar pasadas por agua. Acertó, pero muchos festeros se cabrearon con él, y hubo alguien que fue en su busca para recriminarle el haber pronosticado lo de las lluvias. Este viaje a Asturias y Cantabria lo hicimos con personas de Murcia, Alicante, Alcoy, Valencia, Villarreal, Alcira y de Castellón de La plana; o sea, un autobús completo y cada uno de un padre y una madre. El precio por persona fue de 58.000 pesetas, incluídas todas las excursiones y visitas. Quien no haya estado nunca en esas tierras se llevará una gran sorpresa cuando, al salir del túnel, se encuentra con las maravillosas vistas que ofrecen, porque cambian como de la noche al día. Fue una estancia de siete días en el bonito pueblo de Santillana del Mar. De regreso a Villena, dormimos una noche en Gijon y otra en un hotel Meliá en Valladolid. Visitamos una sidrería en Gijón, en donde degustamos la deliciosa sidra. En San Vicente de la Barquera disfrutamos de comer unas deliciosas sardinas y otros pescados. Anduvimos por los Lagos de Covadonga, por los Picos de Europa. En Potes visitamos el Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Vimos la Universidad Popular de Gijón, la cueva de Covadonga en Cangas de Onís, Santander capital, Parque de la Magdalena, Naranco de Bulmes, todo el desfiladero del Rio Sella y los acantilados de la cornisa cantábrica. Lo mejor de todo, la gran camaradería de todas las personas que componíamos el grupo; por aquello de que en visitas todos somos buenos el comportamiento fue maravilloso.
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