lunes, 30 de noviembre de 2009
OTROS MOMENTOS DE OCIO
CON JAMÓN Y VINO, A DIVERTIRNOS.


miércoles, 25 de noviembre de 2009
MAS OPERACIONES
La última operación que me hicieron fué en el año 2005. Motivo, VARICES. La intervención se llevó a cabo en el Hospital Reina Sofia de Murcia, recientemente inagurado por aquellas fechas. Alguien decía que solamente a las mujeres las operaban de varices. Nada más lejos de la realidad; yo puedo decir que he tenido mala suerte porque tampoco me he escapado de ellas. La pierna izquierda se me cargaba y se me hinchaban las venas, sintiendo al mismo tiempo bastante dolor. Lo puse en conocimiento del médico de cabecera, que me recetó antiinflamatorios y alguna otra cosa más. Cuando me harté de tomar medicamentos y de ponerme pomadas volví al médico y le dije por qué no me enviaba al especialista. El, convencido de que no mejoraba, no dudó ni un momento en hacerlo, aunque siempre me decía que no me operarían y que tendría que aguantarme y padecer las molestias. El especialista, me hizo unas pruebas y, una vez que tuvo el resultado, me dijo que lo mejor era operarme. Cuanto antes, le contesté. Me pusieron en lista de espera y me llamaron enseguida.
De todas las operaciones que me han hecho es en esta donde más he sufrido, y mira que llevo... Cuando entré en el quirófano y empezaron a prepararme, me pincharon en la espalda para dormirme de cintura para abajo. Tuvieron que repetir tres veces el pinchazo porque no acertaban a dar en el punto clave para dormirme, hasta que ¡por fin!... En esta ocasión también presencié cómo trabajaban los médicos. Se trataba de dar un corte de unos cinco centímetros en la pierna, justo por encima del pié; y otro corte de unos diez centímetros en la ingle. Una vez hechos estos cortes, localizan la vena afectada y empiezan a tirar de ella hasta extraerla; y tal como va saliendo, la colocan en una especie de tubo como si fuese un macarrón largo.
La recuperación fue bastante mal debido a que casi toda la parte del muslo se me puso más negra que el luto. Por si faltaba algo, cuando me pusieron el esparadrapo para sujetar la herida, como no me afeitaron bien la parte en donde tenían que cortar, cuando fuí a que me quitasen la mitad de los puntos, llevaba el esparadrapo pegado al bello. Os podéis imaginar el daño que tuve que soportar cuando metieron las tijeras.
Pero al fin, a base de paciencia y aguante, la cosa se soluciónó con bastante éxito. Una cosa es cierta, que a pesar de todas las operaciones que lleva mi cuerpo y con setenta y un años, me encuentro en muy buenas condiciones físicas porque cada día me hago al menos seis o siete kilómetros andando, incluso domingos y festivos. Si multiplicamos esos kilómetros por los días que tiene un año, resultan más de 2.500 kilómetros.
sábado, 21 de noviembre de 2009
YO TAMBIEN FRACASÉ


martes, 17 de noviembre de 2009
A VIAJAR CON EL IMSERSO

Mi mujer y yo hemos visitado muchísimos lugares. De Andalucía nos faltan por ver solamente Cádiz y Jaén. Cataluña la hemos recorrido casi por completo, al igual que Castilla y León, la Comunidad Valenciana, Canarias, Islas Baleares, Asturias, Cantabria, Galicia, País Vasco y Andorra. Nos hemos asomado también a Portugal y a Francia. Hemos caminado por una gran cantidad de pueblos grandes y pequeños admirando las bellezas y curiosidades de todos ellos.
Si en este mundo hay personas a las que les gusta viajar, mi mujer está en la primera línea de todas ellas. Es capaz de subir a un autobús a primeros de año y estar viajando hasta el día de Noche Vieja. Le gusta ir de un lado para otro. No se queja de nada. Lo importante, viajar.
Otras cosas buenas que tiene el IMSERSO son que, en la mayoría de los hoteles, hay bufet libre, y que por dormir no te cobran nada; esto último es broma, quiero decir con ello que todos aprovechamos para alargar las sesiones de descanso en la cama.
sábado, 7 de noviembre de 2009
LA MADRE ESPERANZA




miércoles, 4 de noviembre de 2009
LOS DOMINGOS, A LA PLAYA

Pero los tiempos cambian y, últimamente, los únicos que íbamos a la playa éramos mi mujer y yo. Manteníamos la costumbre de levantarnos temprano para estar en la playa a las ocho de la mañana. Aparcábamos el cochecillo, colocábamos nuestra sombrilla y nos íbamos a desayunar churros con chocolate a un bar que estaba muy cerca. A continuación nos metíamos en el agua hasta las nueve y media; era la mejor hora , cuando estábamos más tranquilos y cuando el agua estaba limpísima. Después, a dar buena cuenta de bocadillos y refrescos. De nuevo al agua y, a las doce y media, cuando la playa se atiborra de personas que te pisan al menor descuido, recogíamos nuestros bártulos y, para casa, que nuestra hija tenía ya la comida preparada. Nos duchábamos, comíamos y a echar la siesta.
MI PRIMERA OPERACION TRAS LA JUBILACION
Como todo había ido bien, pensé que no iba a tener problemas; pero nada más lejos de la realidad, porque no podía valerme por mí mismo, hasta el punto de que mi mujer y mi hija me tenían que ayudar a levantarme y a acostarme. Viendo que no mejoraba acudimos al médico de cabecera, que nos dijo que era debido a la mala postura en que me tuvieron para operarme y que las molestias posoperatorias eran normales. Me aconsejaron acudir a un fisioterapeuta para que me diese algunas sesiones de masajes para descargar el agarrotamiento de los músculos afectados. Me enteré de que en el Centro de la Tercera Edad de Santomera había una fisioterapeuta que se dedicaba a estos menesteres. Hablé con ella, me dijo que no había ningún problema, que por cada sesión me cobraría 600 pesetas y que me daría las que hiciesen falta para dejarme en condiciones; y así fue. Hasta diez sesiones tuvo que darme; los primeros días me producía bastante dolor, pero, a medida que pasaba el tiempo, notaba la mejoría. Me dejó como nuevo en el plazo previsto.
lunes, 2 de noviembre de 2009
COMIENZA LA ERA DE VIAJAR

Las obras, según una placa que hay al entrar en la cripta, se empezaron al acabar la guerra en el año 1939, y se terminaron el año 1959, veinte años más tarde. ¿Cuántas personas murieron en esa obra en esos años? Según los historiadores, un número bastante elevado; unos de frío, otros de hambre, otros de enfermedades contraídas allí, y, supongo que bastantes, de pena por estar viviendo en aquel infierno privados de libertad y alejados de sus seres queridos. La cripta tiene una longitud de 300 metros, su anchura es de 22 y la altura de 11. La cruz que hay en lo alto de la montaña mide 150 metros de altura y sus brazos tienen 25 metros cada uno. Cada uno de los cuatro evangelistas que hay al pie de la cruz mide 18 metros de altura; desde la explanada que hay abajo se ven como si su altura fuese la de una persona normal.
Posteriormente a este viaje, hicimos otro de tres días a Granada, visitando Sierra Nevada, sus alrededores y un poco de Las Aalpujarras. También visitamos el palacio de Carlos V y lo que pudimos de la capital. El hotel donde nos hospedamos era malísimo en todo los sentidos; mala la comida, los aseos sucios, las habitaciones con bastantes cucarachas. Como las comidas eran malas, nos apañábamos saliendo fuera del hotel a tomarnos unas cervezas y jamón, que era lo mejor que te podías tomar. La mejor comida nos la dieron cuando regresábamos de este viaje en Puerto Lumbreras; nos sirvieron patatas a lo pobre y carne a la brasa. ¡Con qué poco nos conformamos los pobres!
Al poco tiempo repetimos viaje a Madrid y Valle de los Caídos. Recuerdo que la primera vez que fuimos la tumba de Franco estaba vacía y en esta ocasión ya estaba ocupada. Se hallaba junto a la de José Antonio Primo de Rivera.
Cuando hemos viajado, hemos llevado siempre a nuestras hijas; primero, por no cargar de obligaciones a la familia, en segundo lugar porque éramos sus padres, y, en tercer lugar porque los viajes los hacíamos por capricho. En más de una ocasión nos ocurría que no podíamos ir a una obra de teatro o a otro tipo de espectáculo porque no permitían entrar a menores.
En el mes de septiembre del año 1989 todavía estaba muy reciente la muerte de mi madre y, para evitar estar en Villena durante las fiestas de Moros y Cristianos, optamos por irnos de viaje a Asturias y Cantabria. Este viaje lo organizó una agencia de Villena. La duración del mismo fue de diez días. Fue la primera vez que nuestras hijas no vinieron con nosotros. Se quedaron a disfrutar de las fiestas, pues la mayor ya tenía diecinueve años, la menor catorce y ya podían valerse por sí mismas. Ese año las fiestas estuvieron pasadas por agua debido a una gota fría que se formó en el sureste español; dejaron de celebrarse varios actos de las mismas. Muchas personas de Villena achacaban las lluvias a un aficionado a la meteorología que es de ese pueblo y que predijo que se acercaba una gota fría y que las fiestas iban a estar pasadas por agua. Acertó, pero muchos festeros se cabrearon con él, y hubo alguien que fue en su busca para recriminarle el haber pronosticado lo de las lluvias. Este viaje a Asturias y Cantabria lo hicimos con personas de Murcia, Alicante, Alcoy, Valencia, Villarreal, Alcira y de Castellón de La plana; o sea, un autobús completo y cada uno de un padre y una madre. El precio por persona fue de 58.000 pesetas, incluídas todas las excursiones y visitas. Quien no haya estado nunca en esas tierras se llevará una gran sorpresa cuando, al salir del túnel, se encuentra con las maravillosas vistas que ofrecen, porque cambian como de la noche al día. Fue una estancia de siete días en el bonito pueblo de Santillana del Mar. De regreso a Villena, dormimos una noche en Gijon y otra en un hotel Meliá en Valladolid. Visitamos una sidrería en Gijón, en donde degustamos la deliciosa sidra. En San Vicente de la Barquera disfrutamos de comer unas deliciosas sardinas y otros pescados. Anduvimos por los Lagos de Covadonga, por los Picos de Europa. En Potes visitamos el Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Vimos la Universidad Popular de Gijón, la cueva de Covadonga en Cangas de Onís, Santander capital, Parque de la Magdalena, Naranco de Bulmes, todo el desfiladero del Rio Sella y los acantilados de la cornisa cantábrica. Lo mejor de todo, la gran camaradería de todas las personas que componíamos el grupo; por aquello de que en visitas todos somos buenos el comportamiento fue maravilloso.
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