
jueves, 20 de agosto de 2009
EL BAUTIZO

sábado, 15 de agosto de 2009
¡NACE NUESTRA PRIMERA HIJA!

jueves, 13 de agosto de 2009
UN NUEVO EMBARAZO
miércoles, 12 de agosto de 2009
CONTINUAN LAS DESGRACIAS
Mi cuñado trabajaba en la fábrica de D. Juan Turu. Este señor se dedicaba a fabricar productos que se extraían del granillo de la vid, tales como alcohol y aceite, con los que se fabricaba jabón y creo que alguna cosa más. Pascual llevaba bastantes años en esta empresa. Las jornadas eran casi siempre de doce horas, en turnos rotativos. En la instalación de las máquinas había unas cintas transportadoras con sus correspondientes poleas. Todo marchaba estupendamente hasta que, a finales del mes de diciembre de este año, el viernes día veinte para ser más exactos, una de las poleas le enganchó la manga de la chaquetilla, con tan mala fortuna que también le enganchó el brazo derecho. Estuvo dando porrazos con su cuerpo en el techo y en el suelo hasta que, con los gritos, alertó a los compañeros de trabajo, que acudieron en su ayuda. El daño fue bastante grave. Los compañeros avisaron de inmediato a la casa de socorro para que viniesen una ambulancia y un médico. Se presentaron al momento con todo lo necesario, le llevaron a la casa de socorro, le hicieron las primeras curas de urgencia e inmediatamente fue trasladado a la clínica de San José de la Vega, en Murcia, recientemente inaugurada. Mi sobrino Julián me llamó a donde yo estaba trabajando y me dijo “tío, mi padre ha tenido un accidente en su puesto de trabajo y está hospitalizado en Murcia, se encuentra bastante mal pues le han amputado el brazo derecho a la altura del codo”.
Yo comenté con mis jefes el caso y les pedí permiso para ir a ver a mi cuñado. No hubo ningún problema. Eran las doce de la mañana, me marché a casa. Cuando mi mujer me vio llegar tan pronto me preguntó “¿es que pasa algo?”. No se lo conté todo. En cuanto comimos nos fuimos a la estación de Renfe a coger el primer tren con dirección a Murcia. Durante el viaje fui preparando a mi mujer para contarle toda la verdad de lo que había ocurrido. Cuando llegamos a Murcia eran ya más de las ocho de la noche. Cogimos un taxi para que nos llevase a donde estaba ingresado mi cuñado. Con él estaba solamente su mujer; los demás habían marchado antes a Yecla en autobús. Esa noche, y todo el día siguiente, estuvimos mi mujer y yo haciéndoles compañía. Además del brazo también tenía destrozado parte del tobillo izquierdo. Tuvieron que hacerle más de un injerto.
Entre unas cosas y otras mi cuñado tardó más de dos años en ponerse relativamente bien. Cuando le dieron el alta definitiva, su jefe se comportó muy bien con él, pues le admitió de nuevo en la empresa dándole el cargo de ordenanza. A su mujer la admitieron para hacer la limpieza de las oficinas. Estuvieron allí hasta que se jubilaron.
Aquí termina la historia del triste suceso de mi cuñado Pascual.
viernes, 7 de agosto de 2009
VUELVEN LAS DESGRACIAS
Ningún miembro de la familia tenía teléfono. Eran otros tiempos. Era dificultoso avisar a los familiares cuando había algún acontecimiento como el que nos ocupa. Así que, a las cuatro de la mañana del domingo, mi cuñado Pepe tomó un taxi para trasladarse a Villena y darnos la noticia. De primeras, para que mi mujer no se asustara, nos dijo que se había puesto enferma y que teníamos que ir a Villafranqueza. Aprovechando un momento en que mi mujer entró en el aseo, me dijo a mí que se había muerto. De Villena fuimos a Yecla para avisar a los otros familiares. Una vez en Yecla, ya se les contó la verdad. Mis dos cuñados y yo fuimos a Villafranqueza en el mismo taxi. Coincidió que el médico que tenía que certificar la muerte se marchaba de vacaciones esa misma mañana. Había dejado un sustituto, pero vivía en Alicante capital, y nosotros no teníamos más datos de él que el apellido, Rodríguez.Las cosas se estaban poniendo difíciles para empezar a arreglar papeles, trasladar el cadáver a Yecla y darle sepultura. Como era domingo estaba todo cerrado. Mi cuñado Pepe y yo bajamos a Alicante a buscar al médico que habían dejado de sustituto. Recorrimos ambulatorios y hospitales sin que nos diera nadie pista alguna. Se me ocurrió entonces ir a la Casa de Socorro y pedir la guía telefónica. Creí que con el apellido Rodríguez y que fueran médicos no podía haber muchas personas. Y así fue; encontré pronto un domicilio, calle Valencia número 7, detrás de la Plaza de Toros. Eran las ocho y media de la mañana. Fuimos al citado domicilio, llamamos a la puerta y una señora nos confirmó que era allí. Le explicamos al médico lo que pasaba. Nos dijo él que ya le habían notificado el estado en que se encontraba mi suegra antes de morir, nos acompañó y nos dio el certificado. Hasta ahí llegaban sus obligaciones. Todavía faltaba un montón de papeles por arreglar. Teníamos que avisar a la compañía del seguro de defunciones para que hicieran los trámites del traslado. Llamamos y nos dijeron que la persona que se encargaba de esto no se encontraba allí, que estaba en Benidorm. Les pedí que, por favor, la localizasen y nos diesen una solución. El empleado localizó a esta persona y ésta, a su vez, dio las órdenes oportunas para empezar a preparar todo lo necesario para el traslado. Dos empleados llevaron dos ataúdes, uno de plomo y otro de madera, ya que, al tratarse de un traslado, las leyes decían que debía ser así. Los empleados introdujeron el cuerpo en la caja de plomo, que soldaron totalmente por fuera y que metieron, a su vez, en la caja de madera, y se aseguraron de que todo estaba bien. A continuación colocaron el ataúd en el coche fúnebre y salimos con dirección a Yecla.
martes, 4 de agosto de 2009
COMIENZA UNA NUEVA ETAPA EN MI VIDA
Tanto en la empresa como en el trabajo me sentía muy a gusto. Esta empresa se dedicaba a fabricar bloques de cara vista para fachadas con una máquina americana de las que en España solamente había tres, una en Madrid, otra en Sevilla y la otra en Villena. El material que esta máquina fabricaba era prácticamente desconocido en todo el levante español y había que promocionarlo lo antes y mejor posible. Así que lo primero que hizo Forte fue montar un equipo de vendedores comerciales para las provincias de Alicante, Valencia, Albacete y Murcia. Como técnico de montaje y asesoramiento me pusieron a mí. Yo tenía la ventaja de ser albañil.
Con todos estos medios y las instrucciones técnicas de los americanos se empezaron a montar en la fábrica una serie de muros como exposición de cara a los clientes. Al mismo tiempo se editó una revista ilustrativa que detallaba los pasos para el montaje de este nuevo material. Pronto empezó a dar sus frutos. A medida que pasaba el tiempo mayor era el número de nuevos clientes y nuevas obras, y aumentaba también el requerimiento que se me hacía para asesorar técnica y prácticamente a los albañiles y demás clientes. Todo esto motivó que yo empezara a viajar cada día más, conocer a personas del ramo, arquitectos, aparejadores, maestros de obras y, sobre todo, a los oficiales, que era con quienes más tendría que convivir para explicar los pros y los contras de estos nuevos materiales de cara vista que la Empresa Forte fabricaba.
Cuando yo entré a trabajar en la empresa Forte todos los que me conocían me preguntaban por qué, teniendo los conocimientos que yo tenía en mi profesión, no me dedicaba a trabajar por mi cuenta. Yo les respondía que, para trabajar uno por su cuenta, hay que ser, en un noventa por ciento de los casos, un poco de todo esto: un cara dura, un fresco, un ladrón y un sinvergüenza, y no hacer ascos a muchas cosas. Como yo no reunía esas condiciones no podía trabajar por mi cuenta,. Muchos me daban la razón porque en donde estaban trabajando les estaban haciendo lo que yo les decía.
Con el transcurso del tiempo aumentaba mi trabajo fuera de fuera de mi jornada en la fábrica. Hube de decir a mi hermano Martín que me ayudase. También se lo dije a mi cuñado Pascual. Este me contestó que no tenía necesidad de trabajar tanto; por eso vivió siempre de alquiler. Tambien se lo propuse al marido de mi prima Pilar, el cual me dijo que de acuerdo, que siempre venía bien ganarse algún dinero extra. La razón de que no nos faltara el trabajo extra era que, dondequiera que íbamos, trabajábamos con ganas, y, a la hora de cobrar, éramos bastante considerados y conscientes de que las personas que hacían una reparación era en su mayoría por necesidad. Estoy hablando de los años 68/69.
Por estos años FRANCO, sí, nuestro Jefe de Estado, transmitía el mensaje de que, aquí en España, cada uno podía trabajar las horas que quisiera; nos daba fútbol y toros en la tele cuando la mayor parte de las casas no disponía de televisor; había que verla en los bares. Con este sistema y con las horas extraordinarias no nos dejaba pensar en la politica, y nos tenía hipotecados. Había facilidad para trabajar las horas que uno quería, también para comprar en los comercios toda clase de electrodomésticos y pagarlos poco a poco. Por ejemplo yo compré una lavadora a mi mujer, que hasta entonces lavaba a mano. Fue una buena decisión para aliviar el trabajo de Paquita. Los fines de semana nos podíamos permitir el lujo de irnos a tomarnos unas cervezas al bar de la plaza de toros en donde hacían unos callos y unos caracoles que estaban para chuparse los dedos, todo esto lo hacíamos a fuerza de ser unos esclavos de nuestro trabajo.
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