
jueves, 10 de diciembre de 2009
UN CASI HASTA SIEMPRE

martes, 8 de diciembre de 2009
PÁGINA DE HUMOR
A ver si consigo arrancar alguna sonrisa. De vez en cuando viene bien para hacer que la vida no sea tan desagradable.
Yo tengo por costumbre gastar alguna que otra broma, siempre de palabra, nunca de manos, que suelen terminar mal. Pero, ojo, las bromas hay que tenerlas con personas de tu confianza que sabes que las admiten.
Viviendo en Villena fuí con Paquita a una zapatería. "Oiga, tiene zapatos del 41"; "sí, claro"; yo le digo: "pues hay que ver los años que tienen esos zapatos". La mujer tardó en reaccionar, pero admitió la broma de buen grado
En otra ocasión fuí a comprar un saco de patatas a un almacen tipo lonja. Había confianza porque habíamos comprado allí varias veces. "Vengo a por un saco de patatas". La dependienta me dice "ahí están, llévese las que más le gusten". "¿Estas patatas se deshacen?" pregunto. Ella, cargada de razón, me contesta que no. "Pues no las quiero". "Y ¿por qué no las quiere?" . Respondo "porque, si no se deshacen cómo las voy a c..."
A lo largo de la vida surgen muchas anécdotas, buenas o menos buenas. Si fuésemos anotándolas, completaríamos un libro muy gordo. Al no hacerlo, tenemos que echar mano de nuestra memoria.
Recuerdo que en una ocasión me dijo mi mujer: "Juan, hoy no tengo ganas de hacer la comida, así que coge dinero y trae un pollo asado a la brasa. Voy al asadero, me pongo en la cola y, cuando me llega el turno, digo: "hola, buenas, quiero un pollo". El empleado me dió uno de los que ya tenía preparados. Cuando llegué a casa estaba ya la mesa preparada. Nos tomamos un pequeño aperitivo y, al destapar el envase del pollo, nos percatamos de que le faltaba un muslo. Pero no era el momento de ir a reclamar. A las dos semanas Paquita me dió el mismo encargo. Fuí al mismo asadero. Le digo al empleado: "oiga, ¿tienen aquí pollos cojos?". "Por qué lo dice?". "Pues, muy sencillo, hace dos semanas me llevé uno al que le faltaba un muslo". El empleado se lo comentó al dueño del asadero. Este dijo: "Dale a este señor medio pollo más y no se lo cobres". Lo suelo contar en algunas reuniones de amigos. Creo que tiene su gracia.
Ser forastero en algún pueblo tiene sus ventajas. Por ejemplo, nosotros vivimos en Santomera y estamos también vinculados con Yecla y Villena, donde tenemos amigos. Cuando estamos en plan de broma y se presenta la ocasión, puedes contar en Villena o Yecla cosas que ocurren en Santomera: "En Santomera sacan a los muertos de pie". Ellos preguntan sorprendidos, "¿cómo que los sacan de pie?". Ydigo yo: "¿tú has visto alguna vez a los empleados de rodillas llevando a los muertos?, lo lógico es que los saquen andando".
Otra cosa que puedes contar es que en el Hospital Reina Sofía no operan de rodillas. Esto se lo dije a uno, que me preguntó: "¿ cómo que no operan de rodillas, si hace quince días operaron a mi cuñado?". Yo le contesté que los médicos siempre lo hacen de pie y no de rodillas.
En otra ocasión se me ocurrió decir en un establecimiento público en donde había seis o siete personas de ambos sexos, casi todos pensionistas, ¿han visto y oido esta mañana la tele?. Siempre hay alguien que pregúnta ¿ qué han dicho?. Les dije que había oído que, a partir del mes de mayo, iban a subir 100 euros la pensión a las mujeres de los viudos. Más de uno de los presentes exclama ¡mira qué bien!, ¿no dicen que Zapatero no hace nada bueno?. También puedes decir que a primeros de mes Zapatero va a bajar la paga a las mujeres de los viudos. Entonces habrá quien diga ¡no, si Zapatero lo va a hacer todo polvo!...
Recuerdo que a un amigo de aquí, de Santomera, le dije un día ¿sabes que Zapatero va a subir las pensiones a las mujeres de los viudos?. El me contesta, ¡antes, antes tenía que haberlo hecho! Lo bueno de esta anécdota viene cuando se dan cuenta de quiénes son las mujeres de los viudos y te siguen la broma.
Recuerdo que hubo una época en que la Caja de Ahorros del Mediterráneo, por cada cantidad de dinero que ingresabas entregaba unos boletos en los que, de vez en cuando salía algún premio/regalo, una olla, una plancha, una batidora, etc. etc. Por entonces cobré yo la paga extra de verano. Como de costumbre se la entregué a mi mujer. Me dice: "Juan toma este dinero que sobra y lo ingresas en la Caja". Voy, me pongo en la cola, allí había unas diez o doce personas. Cuando me toca entrego el dinero al cajero, lo cuenta y me dá un justificante y unos cuantos boletos. Allí mismo empiezo a destapar, éste no tiene, éste tampoco, éste tampoco, ¡hombre, éste sí que tiene!, y digo alzando un poco la voz "Manolo, me ha tocado un sujetador". El empleado, sorprendido, "aquí no salen sujetadores". Le insisto en que sí me ha tocado un sujetador. Me dice: "trae, trae". Le entrego el boleto y me dice: "Juan, aquí dice que te ha tocado una tetera"; y yo le digo: "¿y una tetera no es un sujetador?". Hubo unos momentos de cachondeo entre las personas presentes que escuchaban nuestra conversación.
Un domingo mi mujer y yo fuimos a pasear al pueblo de Albatera. De pronto le digo: "Vámonos para casa ahora mismo". "¿ Por qué nos tenemos que ir ?", le contesto: "¡ mira lo que dice ese letrero!, SE VENDEN BAJOS. Como resulta que mi mujer y yo somos bastante bajitos de estatura, pensé que estábamos en peligro.
Al poco tiempo estuvimos dos semanas sin salir de nuestra casa, ¿ saben por qué?; pues porque pusieron un letrero en nuestro edificio que decía SE VENDEN TODOS LOS BAJOS DE ESTE EDIFICIO. Otra vez le digo a un amigo: "mi mujer se va todos los días a andar con el fresco". El me responde: "Hace bien, así no pasa calor". Yo le digo: "no, si es con el fresco de su marido".
A mi mujer y a mí nos duelen tanto los huesos que las olivas las compramos rellenas, porque hasta los huesos de las olivas nos duelen.
viernes, 4 de diciembre de 2009
POCO A POCO SE VAN PARA SIEMPRE
En junio del año 2004 falleció mi cuñado José a los 81 años. En su adolescencia se marchó voluntario a la guerra civil española. Fué reclamado por sus padres y volvió a casa; pero a los dos meses volvió a escaparse para irse de nuevo a la guerra. Viendo sus padres que era una tontería volver a reclamarlo, dejaron que el destino marcase su vida. Tuvo la gran suerte de que, acabada la guerra, pudo regresar sano y salvo. Once meses después de la muerte de mi cuñado José falleció otro cuñado, marido de mi hermana, a la edad de 77 años. Este otro cuñado vivió siempre entregado a su familia hasta el final de sus días. Durante los años 2007 y 2008 fallecieron siete miembros de mi familia: cuatro primas hermanas, un primo hermano, mi hermano Martín a los 76 años y, por último, mi otro cuñado Pascual a los 88 años. A fecha de hoy no me quedan hermanos, ni cuñados, ni primos hermanos; únicamente quedan mi hermana Fina y mis tres cuñadas.
Por todo esto digo que nacer el último en una familia es algo muy triste. Cada día sientes que te estás quedando más solo y ves que poco a poco tus familiares se van marchando para siempre.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
MIS SOBRINOS.
Con el transcurso del tiempo fueron llegando los demás sobrinos, que llenaron también de alegría las casas. Por lógica Juan José fue el primero en ir a la escuela y, tambien por lógica, el primero en empezar a trabajar. De hecho, cuando terminaba de hacer sus deberes escolares, iba a la obra en donde estábamos trabajando y se ponía a ayudarnos en lo que podía para así ir aprendiendo el oficio de albañil. Recuerdo que una tarde se encontraba en la obra también el tío Juan, abuelo materno de Juan José, que nos ayudaba en lo que podía para no aburrirse, porque era bastante mayor ya. Era una obra de cuatro plantas. Estábamos pavimentando la tercera. El tío Juan nos llevaba el mortero con unas calderetas. Juan José se encontraba allí también y de pronto grita: "¡padre, el abuelo se ha caído por el hueco de las escaleras!". Mi hermano y yo, asustados, salimos corriendo hacia las escaleras, cuando vemos venir al tío Juan cargado con dos calderetas más fresco que una lechuga.
De haber sido cierto, el disgusto habría sido terrible y las consecuencias, gravísimas. Todo quedó en que al chiquillo se le ocurrió gastar una broma. La regañina que le dedicó su padre fue bastante gorda y no era para menos, advirtiéndole de que jamás volviera a hacer semejante cosa. El chiquillo fue creciendo y aprendió muy pronto el oficio de albañil, echó novia e hizo la mili. Cuando volvió ya licenciado su padre le dió el mando de la empresa, aunque bajo la mirada vigilante de mi hermano. Juan José era con todo el mundo la simpatía personificada y hacía amigos en menos que canta un gallo. A los veintiséis años se casó con una chica de Denia y formaron un matrimonio que se llevaba estupendamente. A los dos años de casados tuvieron un hijo, con tan mala suerte, que a los tres días se murió. Esto les afectó muchísimo. Cuando empezaban a superar esta desgracia, mi sobrino tuvo un accidente laboral a consecuencia del cual falleció a la edad de veintinueve años. Su mujer tenía veintisiete. Con el paso del tiempo su mujer rehizo su vida casándose con otro hombre; y actualmente viven felices. Tanto ella como nosotros seguimos siendo sobrina y tíos, como antes.
De los demás sobrinos tengo que decir que todos son maravillosos, buenas personas, trabajadores y que, a día de hoy, han formado sus familias y siguen viviendo y luchando para sacar adelante a sus hijos.
martes, 1 de diciembre de 2009
LAS FIESTAS DE MI PUEBLO


La Bajada de la Virgen consiste en acompañarla desde su santuario del Castillo hasta la ciudad, en la que está esperando su llegada una gran multitud de personas que la acompañarán hasta la Basílica de la Purísima. Allí permanecerá al menos ocho días para facilitar ser visitada por todo aquel que lo desee.
El día 8 de diciembre es por excelencia la fecha más importante para los yeclanos, creyentes o no. Cabe destacar la comida que se celebra en todos los hogares desde tiempo inmemorial a base del cocido con carne, acompañado de las famosas albóndigas del tamaño de una pelota de tenis, hechas con carne, sangre y piñones. Antigüamente esta comida tenía lugar solamente el Día de la Virgen, porque en la mayoría de casas la economía no daba para más.

Con esta suculenta comida, regada con un buen vino, los ciudadanos están preparados para celebrar la Subida de la Virgen a su santuario. Por si no es suficiente, para el recorrido de la Virgen hacia el Castillo es costumbre casi obligatoria llevar algo de comida y bebida para pasar la tarde. El acompañamiento a la Virgen se hace delante o detrás de la imagen. Otras muchas personas se sitúan a los lados del recorrido, se sientan en las piedras del monte y empiezan a dar buena cuenta de lo que llevan para comer, que generalmente son castañas crudas , higos secos, cacahuetes, mantecados, rollicos yeclanos y empanadas. De bebida, coñac, aguardientes, anís dulce, y, por supuesto, una buena bota de vino de la tierra. Antigüamente, y en la plaza del Ayuntamiento, se celebraban rifas de caramelos; a decir verdad, únicamente comíamos caramelos cuando llegaban estas fiestas o cuando íbamos a alguna boda. Estas rifas las hacían unos señores, casi siempre los mismos, que aprovechaban la ocasión para sacar algún dinero. Utilizando barajas españolas pegaban cuatro cartas a un cartón y vendían los cartones por ejemplo a una peseta cada uno de ellos. Una vez todos vendidos, con otro juego de cartas, el dueño le decía a alguien del público que levantase una carta. Con esa carta a la vista sabía el público a quién le había tocado el cartucho de caramelos.
En las frías mañanas del mes de diciembre se agradecen los almuerzos y desayunos que se ofrecen durante estas fiestas y que se basan en las famosas GACHAZMIGAS YECLANAS, acompañadas de longanizas y tocino de cerdo y regadas con vino de la tierra.
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